Me las tomó una mujer, una de mis mejores amigas. Yo se las pedí.

    

Voy a comenzar con un cliché: si me dieran $100 pesos por cada vez que me han pedido que ‘me deje tomar fotos sexys’, ya sería rica.

Ok, a lo mejor exageré. Pero probablemente sí tendría mil pesos que podría invertir en lencería para verme sexy para una persona que sí me importe impresionar. Siempre me he negado. Supongo que to each their own, ¿cierto?

Sin embargo, al parecer no es así. La semana pasada Vanity Fair publicó su cover story de marzo con Emma Watson por Tim Walker, la cual es nothing short of art. En una de las fotos, podemos ver la parte inferior de sus pechos (porque ni siquiera se le ve la mitad). Ya se imaginarán lo que esto causó en redes sociales. Watson, un personaje amado, inmaculada, campeona de las mujeres, ícono feminista de toda una generación, se convirtió en una bad feminist y ha sido encasillada e incriminada por su mismo género; su trabajo totalmente desacreditado por una underboob, que por cierto, todos somos culpables de tener.

He escuchado al 95% de mis amigos y conocidos utilizar mal el término feminista. No, serlo no requiere que odiemos a los hombres, que queramos superarlos, que sólo creamos en el matriarcado, que no busquemos el amor y el matrimonio, que no podamos tener hijos. No, ser feminista significa creer que las mujeres tenemos el poder de elección, como los seres humanos que somos.

Elegir no casarme y dedicarme a mi carrera me hace feminista.

Decidir quedarme en casa y cuidar de mis hijos me hace feminista.

Enseñarle al mundo mi cuerpo me hace feminista.

Preferir dejar mi desnudez dentro de mi recámara me hace feminista.

El respetar las decisiones de otras mujeres, aunque yo no las comprenda, me hace feminista.

Cualquier persona en contra de esto es el verdadero bad feminist.

Y todo esto me regresa a donde comencé. Tengo muchas amigas que posan con poca ropa en redes sociales. La mayoría lo hacen de tan buen gusto, que son igual de merecedoras de sus miles de likes, que del mismo respeto que la que no lo hiciera. Yo las admiro. Es más, soy capaz de aceptar su belleza y de expresarlo. Cuando veo sus fotos me siento inspirada, empoderada. Por más imperfectas o perfectas que sean nos dicen algo: soy una badass, mi cuerpo también puede ser una herramienta para hacer una declaración. O simple y sencillamente, quería hacer arte.

Pero por otro lado, me admiro a mí misma por no exhibirme con quien sea. Todos esos fotógrafos, a los que les he dicho que no, me han llamado ñoña, mojigata, niña bien (what?)… ¿Que ironía no? Yo aquí, siendo ofendida por no querer quitarme la ropa para alguien que ni conozco, al mismo tiempo que Emma Watson es criticada por una foto en la que apenas y se le ven los pechos.

En un mundo lleno de contradicciones y malos feministas, más vale que no seas sexy, pero tampoco recatada. Si representas la lucha por la igualdad y buscas que te respeten, es mejor que el largo de tu falda caiga bajo las rodillas. Si quieres ser cool y amada en Instagram, destápate ya. O al menos, eso es lo que nos dice nuestra sociedad.

¿Qué fue de los días en los que la feminidad y sensualidad eran un poder? ¿Cuándo comenzaron a ser un defecto? Estas son cualidades innatas, no se esconden. De hecho, se ven y son muy claras para aquellos a los que están destinadas estratégica o amorosamente, con piel o sin piel…En nuestro escote o vestido modesto, en un destello del tobillo o los calzones, sobre nuestras clavículas y curvas, en la mini falda, la sonrisa, el lipstick rojo y la intención de la mirada. Sí, se puede ser inteligente, femenina y sexy al mismo tiempo, como también se puede ser sexy, femenina y reservada.

Hace poco alguien me dijo que tenía un problema con mi propia desnudez. En ese momento me quedé callada. Hasta dudé. Pero el que elija no enseñarla no significa que sea insegura, ni que me moleste la de otros, menos aún que no sea sexy. Mi desnudez y sensualidad son para la persona que ame cada una de mis pecas, estrías y el tatuaje que me hice a los 21 años que odio. Del que me decía que era perfecta para él. Para el que me lo va a decir después y para el definitivo. Para mí. Mi decisión.

Al diablo con cada vez que me he callado sobre acusaciones así por preservar mi capacidad de caerle bien a alguien. No pienso volver a disculparme por querer lo quiero, ni gustarme lo que me gusta. Tampoco planeo hacerlo por soñar con una carrera, un sueldo justo, creer en el amor, desear tener hijos y alguien que me adore…por guardar mi cuerpo para los ojos de quien yo considere digno.

Si esto me convierte en mala feminista, then so be it.

Ojalá Emma Watson hubiera enseñado sus pechos completos. Ojalá nuestros cuerpos fueran realmente nuestros. Tal vez así, dejaríamos de usarlos como excusas para denigrar algunas y engrandecer a otras.

– Fotos por Mariana Cárdenas.